Comunicación
La función
clave del cortometraje en la formación del audiovisual
en España.
Juan Carlos
Martínez Rodríguez | Datos
personales
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Desde inicios de la década pasada el cortometraje ha experimentado profundas transformaciones que le han llevado a convertirse por fin en un género audiovisual con entidad y problemática propias. Aumento de la producción, la incursión de las tecnologías digitales, eclosión de festivales especializados, etc. son sólo algunos de los aspectos esenciales para entender dicha evolución. En este artículo nos centraremos en otro aspecto, que si bien ya era conocido desde hace décadas, ahora más que nunca queda desligado del hecho de que el corto en sí mismo es una forma de expresión audiovisual que merece la máxima consideración e interés. Una de las características más marcadas de este género audiovisual caracterizado por su pequeña duración es servir como escuela para que muchos nuevos directores de cine se abran paso y puedan demostrar su talento en un cortometraje que les haga posible, posteriormente, acceder a la participación en un largometraje. De hecho, entre enero de 1990 y diciembre de 1999, ciento cincuenta directores debutantes dirigieron por primera vez un largometraje.(1) Un productor difícilmente confía presupuestos de varios millones de euros y el mando de un equipo de profesionales de un largo, a quien no cuente con una acreditada experiencia en el audiovisual. Es en este punto cuando el cortometraje cumple una función clave como escuela de futuros directores. Así lo cree el productor Andrés Vicente Gómez: "El cortometraje debe mostrar cómo es el director y ha de servir para que los jóvenes profesionales se introduzcan en la profesión."(2) Para entender este papel que juega el cortometraje es conveniente tener en cuenta que el sector audiovisual y en particular la frágil industria cinematográfica en España,(3) es un campo al que resulta difícil acceder laboralmente. Sobre todo por las elevadas cantidades de dinero que requiere la ejecución de un largometraje, y por la responsabilidad de hacer recaer los fondos en las personas adecuadas que a priori puedan al menos asegurar un correcto acabado profesional de la película. Constituye una operación de alto riesgo por lo que, como es lógico, los productores confiarán todo el aparataje económico, técnico y humano a alguien con alguna referencia concreta y tangible. Un cortometraje, para los productores y organismos públicos, constituye dicha referencia. Aquel que aspire a trabajar de modo más o menos estable en este sector, se encontrará con múltiples dificultades añadidas a las propias de integrarse en cualquier campo productivo. Un buen corto constituye una carta de presentación para recorrer las productoras en busca de ayuda y financiación para un largometraje. Si al correspondiente guión se le adjunta una cinta con el cortometraje del nuevo realizador, las posibilidades de ser tenido en cuenta por parte de la productora son mucho mayores. Un cortometraje es la demostración clara de que el aspirante a director de largos sabe desenvolverse en el universo audiovisual y es capaz de narrar con cierta solvencia. Así, los nuevos realizadores no acceden casi en ningún caso a la dirección del largometraje sin que previamente haya realizado un trabajo de menor calado económico. Los productores, no confían sus inversiones y esfuerzos a directores de los que no tenga referencia tangible alguna. En este punto entra con fuerza el cortometraje, como la mejor y más solvente fórmula de demostrar las aptitudes profesionales, expresivas y creativas del realizador cara a futuros proyectos de largometrajes. Se trata del mejor aval y facilitará mucho -sin que esto signifique garantía alguna- el eventual desembarco en el largometraje cinematográfico aunque sea asumiendo funciones de ayudante de dirección(4) y en no pocos casos, directamente desarrollando la función de director.(5) La actriz Nathalie Seseña,(6) quien desde la perspectiva actoral considera el corto como campo de actuación en el que aprender desde el punto de vista de la interpretación: "Estoy muy agradecida a los cortometrajistas porque me han dado la oportunidad de interpretar a personajes que a lo mejor cuando empezaba no podía hacer en largometrajes y he conocido a muchísima gente con mucho talento. Es un campo maravilloso."(7) Por su parte, la revista Fotogramas es muy clara en su posición al respecto al decir en su anuario: "Festivales especializados, programas de televisión, (...) son un estímulo para la aparición de nuevos directores formados en la mejor escuela de cine: el rodaje de un corto".(8) En este sentido Maria Rubín afirma: "Actualmente cualquier productora o distribuidora se ha fijado en los cortos para descubrir nuevos talentos y se atiende a ese trabajo para apostar o no por alguien. La gente se ha dado cuenta de que los directores de hoy son los cortometrajistas de ayer".(9) La experiencia de Álvaro Fernández Armero es representativa del esquema según el cual un nuevo -y a menudo joven- director con intención de adentrarse en la industria, logra financiación para un cortometraje cinematográfico. Dicho trabajo resultó un éxito al lograr abundantes premios (10) y ser proyectado con gran aceptación de público y crítica. Así lo cuenta: "En el momento en que salió El columpio (1992) el mundo del cortometraje no lo conocía la gente. Los cortos no se veían, pero ese sí se vio mucho. Destacó en una época en la que no estaba la industria del corto como la conocemos ahora. Enseguida estuve en el punto de mira de los productores. Me llamó Enrique Cerezo (productor de cine) y le propuse Todo es mentira. Yo tenía 24 años". Esta realización se convierte en el mejor aval para que posteriormente un productor confíe en el director para acometer proyectos cinematográficos mucho más caros, en los que todo ha de estar más medido debido fundamentalmente a la gran inversión a realizar. En este sentido, basta decir que el coste medio de un largometraje español en 1999 es de 270 millones de pesetas.(11) La falta de pretensiones más allá de contar una historia al público puede ayudar al joven director a no caer en la frustración si no es uno de los afortunados que logran hacerse un hueco en el cerrado círculo del cine español. Armero: "Cuando hice mi corto sólo tenía un objetivo: conseguir contar algo. No pretendía que ganara en festivales ni siquiera necesitaba que lo viera la gente en masa. Sólo quería saber si era capaz de contar algo, por el propio placer de contar una historia. Veía tan imposible ganar un premio y hacer un largo que mi expectativa era mínima, con lo cual disfruté mucho al hacerlo y mucho más cuando tuvo éxito"(12) Esta idea del corto como aval para el largo ante un productor se ve refrendada también por Rafael Maluenda, director del Festival Cinema Jove: "los que queremos dirigir cortometrajes tenemos el cortometraje como carta de presentación. Muchos de los jóvenes cineastas que hoy están llenando las salas de cine como Álvaro Fernández Armero, Juanma Bajo Ulloa, Alejandro Amenábar, Alex de la Iglesia, Santiago Segura, Julio Médem... todos ellos han pasado por sus cortometrajes antes de saltar al largo."(13) Sin embargo, hacer cortometrajes no tiene que ser necesariamente un paso al largo. Se pueden elaborar por la mera satisfacción personal, pero la realidad nos muestra que en muchos casos se pasa primero por el corto. El actor Fernando Ramallo apoya esta argumentación: "son más importantes para ser el pasaporte de un futuro director de largos. Creo que está adquiriendo mayor importancia y más posibilidades de que a estos directores y actores que empiecen les sirva para un largo."(14) Efectivamente, productores y directores otorgan al cortometraje además una condición de "escuela". Un campo de narrativa audiovisual en el que familiarizarse con los procesos creativos, técnicos e industriales que serán reproducidos con mayor magnitud en el largo. Pero con las ventajas de que la inversión es mucho menor, así como los riesgos de todo tipo. Txema Blasco: "A los directores les sirve de práctica y enseñanza para luego lanzarse al proceloso mundo del cine."(15) Desde el punto de vista del estilo del director, el cortometraje se presenta como la primera demostración de la visión propia del realizador. Los cortometrajes merecen formar parte de la filmografía de los directores, como piezas clave de gran interés para adentrarse en su "mirada" personal. Pedro Medina, director del festival de Alcalá de Henares llama la atención sobre este aspecto en el prólogo del libro El cortometraje en España. Una larga historia de ficciones breves: "soy de la opinión de que la obra de determinados directores no empezó cuando hicieron su primer largometraje, sino que se remonta a esos primeros trabajos de menor duración, pero que en algunos casos pueden ser tan determinantes y definitorios de lo que podríamos llamar su "estilo, 'universo" o puro y simple "gusto y aptitud cinematográfica", como lo serán sus obras más conocidas" (16) En los últimos años de la década de los noventa, de un modo paralelo al del largometraje español, el corto vive una renovación y una variedad que viene motivada casi siempre por los nuevos realizadores (jóvenes y maduros) que encuentran en el corto la manera de expresar sus narrativas audiovisuales. "... La revalorización (adicional sobre la que ya era costumbre) de la figura del director novel como motor y cerebro impulsor del lavado de imagen que ha experimentado el cine nacional a lo largo de todos estos años". (17) Texma Blasco declara: "la preparación de los directores es mejor. Los directores jóvenes vienen pegando fuerte. Eso en el mundo del largo y previamente en el del corto es un alud de esperanza en el cine español. A mí me encanta trabajar con gente joven, tienen una frescura, valor y se lanzan. El joven se arriesga y cuenta las cosas de una manera que muchas veces no es convencional. La cosa no está fácil pero a los que empiezan les diría que tengan ilusión, confianza y seguridad en lo que hacen. Que lo tengan muy claro. Esto es una carrera de resistencia, mucha gente se va quedando en el camino, llegan los que aguantan y se preparan". Otro caso concreto es el de los directores Igor Legarreta y Emilio Pérez, quienes consiguieron el interés de una productora en un guión suyo para una película gracias a las buenas referencias de su cortometraje, así lo cuenta Legarreta: "Nosotros (Legarreta y Pérez) conocíamos a Ángel, de Igueldo, a raíz de un certamen de vídeo en Vitoria donde presentamos Al, Ben y Gail. Él formaba parte del jurado y por amistad le enseñamos nuestro último corto, para que nos comentase qué le parecía. Le gustó mucho y nos pidió permiso para enseñárselo a Impala, productora de Madrid con la que andaba en tratos. A Impala también le gustó y nos pidieron algo nuevo. Les dimos un tratamiento de La viuda de Ranglan James, les encantó y a partir de ahí, el guión. Se puede decir que la primera puerta que tocamos, se abrió." (18) Luis Ángel Ramírez en Academia va más lejos en su análisis sobre aquellos directores que pasan por el corto antes de enfrentarse al largo: "Lo paradójico, es que si analizamos la obra presente y pasada de los directores que han conseguido su paso al largometraje después de atravesar la experiencia, en mayor o menor medida, del cortometraje, observamos con total nitidez, que su obra corta no se caracteriza ni ha obtenido éxitos en el circuito de festivales por el virtuosismo formal, el dominio técnico o el acabado industrial que ostentan, sino fundamentalmente por su personal forma de mirar y abordar cinematográficamente los contenidos propuestos en ellos."(19) Esencialmente el cortometraje hace vigente en los últimos años su especificidad e importancia en cuanto a escuela de nuevos profesionales del audiovisual. Directores de gran peso comercial en el cine español actual como Santiago Segura, así lo creen con total convencimiento: "Yo creo que es una gran escuela. Sinceramente creo que es la mejor (...) Llevo haciendo cortos desde los catorce años, cortos en Super 8 (...) logré hacer 35 milímetros, y desde luego si no hubiera hecho los cortos creo que jamás habría podido hacer el largo." (20) El escritor Manuel Hidalgo reflexiona sobre la importancia de los cortos cara a la dirección de largos y cómo público y profesionales están atentos a este sector del que surgen los nuevos cineastas: "Puede que el gran público de cine no preste ninguna atención a los cortos, puede que los cortometrajistas -por no conseguir colarse en las grandes cadenas de exhibición- piensen que han alcanzado todavía a medias sus objetivos, pero lo cierto es que hay una amplia minoría mayoritaria, esencialmente joven, que tiene acceso a los cortos y que la profesión cinematográfica sigue a los cortometrajistas muy de cerca, por lo que son fluidos y abundantes los debús en el largometraje de quienes se han hecho notar con sus cortos." (21) Por otra parte, citemos como digno de mención el hecho de que el cortometraje es la forma ideal para enfrentarse a la dirección para algunos actores profesionales. Sólo en el año 1998, veteranos como Silvia Munt, Andrés Pajares y Silvia Tortosa, o habituales de la escena como Faemino, rodaron sus cortometrajes dentro de los planes de producción de productoras consolidadas en el campo del cortometraje y la publicidad. Otros actores como Jordi Mollá también han pasado por la dirección de cortos (22) antes de pasar al largo.
Alejandro Amenábar Nació en Santiago de Chile en 1972, pero su familia se trasladó pronto a vivir a España. Su interés por el cine le impulsó a estudiar Imagen en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Durante esta etapa realizó tres cortometrajes en vídeo sistema Hi8. Fueron La cabeza (1991), Himenóptero (1993) y Luna (1994), los tres dirigidos, escritos y editados por él mismo. En estos trabajos ya contó con algunos de los actores que intervendrían luego en su primer largometraje Tesis. Además, la dirección de fotografía de aquel corto en vídeo corrió a cargo de Mateo Gil. Amenábar trabajó en los dos cortometrajes en vídeo Hi 8 que Gil rodó durante sus años de estudiante en la facultad. En estos desempeñó funciones en el desarrollo de la música, el sonido y la edición. Himenóptero ganó algunos premios en festivales especializados, como el Primer Premio de Vídeo en el XVI Festival de Cine Independiente de Elche en 1993. El escritor y crítico de cine Antonio Sempere describe el interés que le despertó dicho trabajo: "...Se exhibió un corto que no me pasó inadvertido, a pesar de la dificultad para memorizar su título. Era Himenóptero, y sus créditos me dieron la pista para dar con el responsable del proyecto. No era nada difícil. El que figuraba como director, guionista, montador y compositor de la música era uno de los actores principales. (...) En la gala de clausura del festival (Se refiere al de Elche), Alejandro recogió, como no podía ser de otra forma, el premio al mejor vídeo del certamen. (...) Las entrevistas y las fotos eran para los ganadores en 35 milímetros." (23) El caso de Luna resulta curioso pues tras realizarlo en vídeo, presentaron el guión a una convocatoria de subvenciones a cortometrajes organizada por la universidad. Logró el dinero, lo que le permitió volver a rodar la misma historia, sólo que esta vez en soporte cinematográfico. El cortometraje Himenóptero fue determinante para atraer la atención del director y productor José Luis Cuerda (24) quien quedó muy interesado por las imágenes que había visto. El padre de una de las actrices de aquel corto, era compañero en la docencia de Cuerda en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Ello le permitió entregarle el vídeo de este corto para que le diese su opinión. En el dosier de prensa de Tesis, Cuerda recuerda cómo llegó hasta él este cortometraje y el interés con el que vio después Luna: "La hija de mi amigo profesor era una actriz correcta. Lo hacía bien. Pero lo que más me llamó la atención fue que el corto estaba también interpretado, y además fotografiado, musicado, montado, escrito y dirigido por una sola persona, hecho séxtuplemente interesante si se tiene en cuenta que todos esos trabajos estaban hechos con impecable solvencia y con muchísimo talento (...) El segundo corto que conocí de él, Luna, me gustó, si cabe, más que el primero." (25) Cuerda contactó con Amenábar en un primer momento para felicitarle y poco después le propuso que le enviara un guión de un largometraje para estudiar su eventual producción. El propio Amenábar señala la importancia que sus cortometrajes tuvieron para facilitarle el paso al largo: "... había hecho un par de cortos en vídeo, había conocido al director José Luis Cuerda, quien me llamó para felicitarme tras visionar uno de ellos..." (26) Amenábar explica claramente la función de escuela cinematográfica que para él tuvo el cortometraje: "Fue una experiencia que me sirvió para aprender y para darme cuenta de que, además de rodar bien, había que rodar deprisa". (27) Alex de la Iglesia Alex de la Iglesia, nacido en Bilbao en 1965. Cursa estudios de Filosofía. Se siente atraído desde siempre por el cómic y el cine. Trabajó como director artístico en varios programas de televisión y en la película de Enrique Urbizu Todo por la pasta (1991). Cuenta en su carrera con dos únicos cortometrajes. El primero le abrió las puertas del cine y el segundo constituye una especie de declaración pública de apoyo y vigencia del cortometraje en España. En 1990 dirige Mirindas asesinas, un trabajo de una gran repercusión que le permitió acceder a la productora propiedad de Pedro Almodóvar, El Deseo S.A. para llevar adelante su ópera prima Acción mutante en 1992. El verdadero acercamiento al cortometraje para Alex de la Iglesia se produce en 1988, cuando participa en el guión y en la dirección artística de Mama, un corto que obtuvo varios premios en el Festival de Cortometrajes de Bilbao. El caso de Mirindas asesinas resulta anecdótico pues se realizó el corto para aprovechar el decorado de otro corto de Iñaki Arteta. El guión fue escrito en dos días. La rapidez y premura de recursos resulta ilustrativo de lo que sucede en la mayor parte de cortometrajes, especialmente en vídeo, aunque éste se rodara en 16 mm. Alex de la Iglesia así lo cuenta: "El único problema es que no había un duro. Yo tenía sesenta mil pelas que se me fueron en comprar el negativo. No tenía cámara, no tenía nada. Unos amigos de Euskal Telebista me prestaron una Mitchell pequeña, de 16, pero sólo podía tenerla tres días. El rodaje comenzaba un lunes. El domingo consigo la cámara y me enseñan cómo funciona en una estación de autobuses, porque se iban a no sé dónde. La abrieron, me dijeron cómo había que meter la película... Era la primera vez en mi vida que tenía una cámara en las manos. Bien, un problema solucionado. Siguiente paso: los actores".(28) En 2000, para celebrar su 30 aniversario el Festival de Cine de Alcalá de Henares, considerado "el más importante de los festivales dedicados al cortometraje" (29) realizó una votación entre una cincuentena de profesionales del cine para elegir el mejor corto de la década. Mirindas Asesinas fue el segundo trabajo más votado. (30) Además, obtuvo el Primer Premio de este mismo Festival en la edición de 1992. Tras este corto y animados por la buena acogida, Alex y su inseparable colaborador Jorge Guerricaechevarría comienzan a trabar en el guión de un segundo cortometraje que se iba a llamar Piratas del espacio. Sin embargo, este guión acabaría convirtiéndose en la primera versión de Acción mutante. De nuevo, una cinta con su corto y el guión que acababan de terminar fueron determinantes para que El Deseo S.A. se interesara por el proyecto: "Eso fue cosa de una amiga, Paz Sufrategui, que trabajaba y trabaja en el Deseo. Ni locos se nos hubiera ocurrido presentarle el guión del corto a Almodóvar: Estaba demasiado alto para nosotros. Paz le llevó un vídeo de Mirindas asesinas y el guión de Piratas. Un día llaman por teléfono." (31) En 1996, Alex de la Iglesia recordaba que lo único que podía mostrar a Pedro Almodóvar era su cortometraje pero fue determinante para su carrera: "Lo único que podía presentarle a Pedro y su equipo era el cortometraje Mirindas asesinas, lo malo es que no tenía sonido porque el dinero no me llegó para tanto. Lo que hice fue doblar yo mismo, en directo, las voces de los personajes, con lo cual debieron pensar que o era subnormal o podía hacer una película interesante. Debieron decidirse por lo segundo y aquí estoy." (32) Hasta 2001 Alex de la Iglesia no vuelve a dirigir un cortometraje y lo más usual y previsible hubiera sido que no volviera a hacerlo, pero decide embarcarse en un corto de muy escasa duración para ser difundido a través de internet en la web del Festival de cine Comprimido de Notodofilmfest. Notas (1) F. HEREDERO, Carlos, "Cine español. Nueva generación" en Dirigido. Madrid. Nº278, Abril 1999, p. 51 volver (2) CHACÓN, Francisco. "El cortometraje, escuela viva de cineastas" en El Mundo. 4 de abril 1999. volver (3) La cuota de pantalla no superó en la década de los noventa el 15% y la tendencia desde 1998 es sensiblemente a la baja. volver (4) Caso de Salvardor García Ruiz, quien tras muchos años como ayudante de dirección, accede a la dirección en 1998 con Mensaka. volver (5) Caso poco común el de Agustín Díaz Yanes, quien directamente pasa al rodaje asumiendo la dirección de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto en 1995 sin experiencia previa ya que siempre se había dedicado al guión. volver (6) Ha participado entre otras producciones en El día de la bestia (1995) y Airbag (1998). volver (7) MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Juan Carlos. "Nathalie Seseña: En un corto puedes arriesgarte más que en una película" en Quince Días. 6 de mayo de 1998. Pág. 10. volver (8) Anuario Fotogramas 1999. Comunicación y Publicaciones S.A. Barcelona, 1998, pág. 283. volver (9) GARCÍA-SAMPEDRO, Juan Carlos, "Salidas para el cortometraje" en Producción Profesional, nº26, febrero 2002, Pág. 39. volver (10) El más importante el Goya al Mejor Cortometraje de ficción de 1992. volver (11) ÁLVAREZ MONZONILLO, José María, "La producción cinematográfica española de 1999", en Academia. Revista de Cine Español. Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Invierno 2000, p.121 volver (12) Entrevista mantenida por el autor con Álvaro Fernández Armero en junio de 2000. volver (13) Entrevista mantenida por el autor con Rafael Maluenda en junio de 2000. volver (14) Entrevista mantenida por el autor con Fernando Ramallo en junio de 2000. volver (15) Entrevista mantenida con Txema Blasco en junio de 2000. volver (16) AMITRANO, Alessandra, El cortometraje en España. Una larga historia de ficciones breves. Valencia. Filmoteca Generalitat Valenciana, 1998, pág. 9. volver (17) F. HEREDERO, Carlos, "Cine español. Nueva generación" en Dirigido. Madrid. Nº 278, Abril 1999, p. 51. volver (18) ORDÓÑEZ, Álvaro, "El gran pecado del cine español es que se olvida de la forma" en El País, 8 de febrero de 2001. volver (19) RAMÍREZ, Luis Angel, "A paso ligero" en Academia. Revista de cine español. Madrid. Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España. Madrid. Invierno 2001, p. 106. volver (20) CARRASCO, Nicolás, "Santiago Segura" en Acción. Mayo 1998, pág 56. volver (21) HIDALGO, Manuel, "Cortos" en El Mundo. 7 de julio de 2001. volver (22) Dirige en 1993 Walter Peralta y en 1999 No me importaría irme contigo. 2002 rueda su primera película como director: No somos nadie. volver (23) SEMPERE, Antonio. Cine en las venas. Nuer Ediciones. Madrid. 2000. Pág. 13. volver (24) Director de cine español nacido en Albacete. Comenzó los estudios de Derecho, que abandonó en tercer curso. Entra en el Instituto Español de Tecnología, donde fue profesor de Realización Cinematográfica. En 1969 entra en Televisión Española, en los Servicios Informativos, donde realiza varios documentales y reportajes, y más tarde en el departamento de Programas Culturales de la misma casa. Trabajó de nuevo como profesor en la Universidad de Salamanca. Ha rodado entre otras, Amanece que no es poco (1988) y La lengua de las mariposas (1999) . volver (25) SEMPERE, Antonio. Ibídem. Pág. 25. volver (26) AMENÁBAR, Alejandro, Tesis. Guión original de la película, Barcelona, Editorial Planeta, 1998, pag.9. volver (27) CHACÓN, Francisco. Ibidem. volver (28) ORDÓÑEZ, Marcos, La bestia anda suelta, Ediciones Glénat, Barcelona, 1997, pág. 91. volver (29) RIVERA, Alfonso, "El mejor corto de la década" en Anuario Fotogramas 2001, Comunicación y Publicaciones S.A. Barcelona, 2000, pág. 270 volver (30) En primer lugar quedó Campeones (1997) de Antonio Conesa; en tercero El columpio (1992) de Álvaro Fernández Armero; en cuarto Manualidades (1992) de Santiago Lorenzo y en quinto Aquel ritmillo (1994) de Javier Fesser. volver (31) ORDÓÑEZ, Marcos. Ibidem. Pág. 101 volver (32) GRIJALBA, Silvia. "Los "imbéciles" más creativos del cine español" en El Mundo. 10 de enero de 1996. Pág. 46 volver Juan Carlos Martínez Rodríguez nació en Murcia (1976). Es realizador audiovisual y director de cortometrajes. Licenciado en Ciencias de la Imagen y Diploma de Estudios Avanzados en Comunicación Audiovisual. Coordinador del Certamen Nacional Videoficción de Murcia y miembro varios jurados de certámenes especializados. Profesor de diversos Cursos de Cortometraje de la Universidad de Murcia y otras instituciones. Ha sido profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y crítico de cine de diversas emisoras de radio públicas y privadas, publicaciones y portales de internet. Está finalizando su tesis doctoral sobre el cortometraje en España. Ganador de diversos premios nacionales por sus cortometrajes que se han proyectado en festivales de toda España. Ha sido co autor del libro Años de corto. Apuntes sobre el cortometraje español desde los noventa, editado por la Universidad de Murcia |