Comunicación


Decir cosas con juegos. Notas sobre ludología.

Óliver Pérez Latorre | Prof. Ayudante, Dept. Per. y Com. Aud., Univ. Pompeu Fabra

Introducción

Hace 5.500 años, en la antigua Mesopotamia, los niños jugaban a un juego llamado "tabas", antecedente de los juegos de dados. Alrededor del año 3000 a. de C., en África empezó a jugarse al Mancala, un juego consistente en encontrar unas piedras escondidas en agujeros en la arena de la playa. También en el antiguo Egipto, los juegos formaban parte de la vida social: en la tumba de Tutankhamon se encontraron cuatro tableros de un juego llamado "senet" ("pasadizo"). En la época de los césares romanos, los hijos de los senadores se hicieron muy aficionados al "juego de tablas", el heredero del Backgammon persa. El Backgammon es el juego de tablero más antiguo del que se tienen registros: investigaciones arqueológicas han situado su origen en la antigua Mesopotamia, alrededor del año 3000 a. de C.

Sin embargo, el juego no es tan antiguo como las sociedades humanas. Es más antiguo, se remonta a ellas. Tal como subraya Johan Huizinga en Homo Ludens: el elemento lúdico de la cultura, "el juego es más viejo que la cultura." Mientras la cultura presupone siempre una sociedad humana, "los animales -como afirma Huizinga- no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar" (Huizinga, 1972. p. 11).

En la cultura contemporánea, la fusión del juego con la comunicación audiovisual, fundamentalmente a través de la emergencia del videojuego, ha hecho rebrotar el estudio teórico de los juegos como fenómeno cultural. Investigaciones pioneras en este ámbito como las de Johan Huizinga (1938), Roger Caillois (1958), o Avedon y Sutton-Smith (1971) han experimentado así una especie de resurgimiento en algunos departamentos de ciencias sociales y comunicación.

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