El legado de la televisión franquista.

Josep Maria Baget Herms | Universidad Pompeu Fabra, Barcelona
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                 Comunicación

1. Etapas de la televisión franquista

1.1 El 20 de noviembre de 1975 fallecía Francisco Franco después de una larga agonía de 35 días y con su muerte se cerraban casi veinte años de la televisión franquista. Su poderosa influencia se iba a sentir todavía durante un largo tiempo y sólo con el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno podría darse por cerrada aquella etapa para entrar en otra no menos compleja, la transición democrática. Un ex-director general de RTVE fue paradójicamente el encargado por el rey Juan Carlos para conducir esta obra de desmantelamiento de las arcaicas estructuras de las instituciones franquistas, y entre ellas RTVE de la que Suárez había sido máximo responsable entre 1969 y 1973 y después de haber desempeñado diversos cargos desde mediados de los años sesenta.

1.2 La historia de RTVE a puede dividirse en tres grandes etapas. La primera abarca desde sus comienzos, incluido el periodo d pruebas, hasta el año 1962 y se divide a su vez en dos tramos. El primero va desde su inauguración oficial (28 de octubre de 1956, aniversario de la fundación de Falange y a la vez fiesta de Cristo Rey) a febrero de 1959, y viene marcada por el centralismo absoluto y la autarquía. El segundo se inicia precisamente con la llegada de TVE a Barcelona y la puesta en marcha de los estudios de Miramar que permiten aligerar el peso de la producción propia que hasta entonces era responsabilidad única de los estudios del Paseo de la Habana. Se mantienen no obstante el centralismo autoritario y unas rígidas connotaciones políticas y morales aunque coincide con una primera reforma de las estructuras económicas del país representada por el primer Plan de Estabilización, y la entrada en el gobierno de algunos ministros tecnócratas vinculados al Opus Dei.

1.3 La segunda fase, “la época Fraga” es mucho más amplia y compleja y se sitúa entre 1962 y 1969 divididos asimismo en dos tiempos. El primero va hasta 1964 y se cierra con el nombramiento de Jesús Aparicio Bernal como director general y la inauguración de los estudios de Prado del Rey. El segundo llega hasta 1969 y abarca el espectacular crecimiento de TVE en un marco político y social renovado donde la industria turística juega un papel importante en todos los órdenes.

El nombramiento de Manuel Fraga Iribarne como ministro de Información y Turismo cristaliza en materia informativa en la promulgación de la Ley de Prensa de 1966, que abolía la censura previa de los diarios y revistas. En TVE esta reforma no se notó en absoluto pero en cambio la apertura se manifestó en su presencia en los festivales y mercados internacionales de televisión, con la producción de programas especiales que daban una imagen de la realidad social de España muy diferente a la verdadera, y en especial por el rápido avance de sus infraestructuras de producción. Entre esas realizaciones destacan la construcción de los nuevos estudios de Prado del Rey (inaugurados un 18 de julio de 1964 dentro de la campaña propagandística de los “XXV Años de Paz”) y en la puesta en marcha de una Segunda Cadena (noviembre de 1966 después de un año de emisiones en régimen de pruebas) que la sitúan dentro de sus limitaciones entre las cadenas europeas de primera línea que ya disponían asimismo de dos canales. La creación de la segunda cadena, conocida como “el UHF”, permitió satisfacer parcialmente ciertas demandas de grupos sociales y minorías intelectuales así como la incorporación de algunos jóvenes directores, escritores y programadores.

El importante progreso que se contempla en este ciclo se obtiene mediante los ingresos publicitarios, lo que constituye un recurso atípico en el marco de un servicio público en régimen de monopolio del que disfrutaba TVE, en flagrante contraposición al modelo imperante en todos los países europeos donde el canon por tenencia de aparatos y la limitadísima aportación de la publicidad (cuando no su específica prohibición) se erigían como elementos fundamentales de su financiación.

La supresión del llamado “impuesto de lujo” por la tenencia de aparatos (publicada en el BOE del 23 de diciembre de 1965) y la creación de las redes nacionales de teleclubs se destacan como dos rasgos elocuentes por su calado populista. La supresión del impuesto, en especial, es una decisión de gran trascendencia por cuanto implica la implantación de un modelo de televisión pública dependiente por completo de los ingresos publicitarios. A pesar de sus limitaciones, los teleclubs destinados sobre todo a cubrir los ámbitos rurales, y que son dirigido por las “fuerzas vivas” de los pueblos (alcaldes, maestros o curas) no llegarán a tener la eficacia propagandística esperada por falta de medios y de preparación de monitores especializados pero son un buen ejemplo del talante didáctico que aún se conserva en los años sesenta.

Esta etapa histórica de siete años se presenta bastante homogénea a nivel estructural a partir de 1964 cuando Jesús Aparicio Bernal, procedente de los sectores relativamente liberales de las filas del SEU, accede a la dirección general y va formando su propio equipo, siempre bajo la vigilante supervisión de Fraga Iribarne, sin duda el primer político del franquismo que había advertido las posibilidades propagandísticas de la televisión. Tres de los cuatro directores generales que dentro del franquismo sucedieron a Bernal (Adolfo Suárez, Juan Jose Rosón y Jesús Sancho Rof) desempeñaron cargos directivos de responsabilidad a lo largo de esta fase.

La creación de un incipiente circuito catalán y de diversos centros regionales de producción de informativos y los premios en festivales internacionales figuran entre los logros más apreciados mientras que la política informativa de los “telediarios” no siguió en cambio la línea aperturista dentro de un orden de la ley de prensa.

1.4 La tercera y última etapa se inicia en octubre de 1969 con el nombramiento de Suárez al frente de la dirección general de RTVE después del cese de Fraga a raíz de sus enfrentamientos con el Opus Dei en el llamado “caso MATESA” donde el ministro llevó la peor parte. Suárez despacha directamente con el almirante Carrero Blanco y esquiva así al nuevo ministro de Información y Turismo Alfredo Sánchez Bella que además no se muestra muy interesado por la televisión. Suárez procede a una racionalización de las estructuras internas y a la elaboración de unos programas difusamente aleccionadores como “Crónicas de un pueblo” que pretenden servir los intereses de quienes como Carrero Blanco planean ya un futuro de “franquismo sin Franco” -expresado en la famosa frase “y después de Franco, las instituciones”-, un proyecto fantasioso que se encargó de deshacer el mismo Suárez ya como presidente del Gobierno en 1976. El nuevo equipo proveniente en gran medida de la segunda cadena, más preparado y riguroso profesionalmente, asumió un papel relevante. Este primer ciclo de la última etapa se cerró con la dimisión de Suárez en 1973 que fue sustituido por Rafael Orbe Cano, deseoso también por dotar de un carácter institucional a RTVE (que vivía en la “alegalidad” según sus propias palabras) pero el atentado a Carrero Blanco desencadenó una crisis política de la que TVE fue fiel reflejo y hasta víctima propiciatoria de intereses contrapuestos.

El llamado “espíritu del 12 de febrero”, que pretendía promover una tolerancia hacia la legalización de formaciones políticas, llevó a la dirección de RTVE a Juan José Rosón en el marco de una ficticia “apertura” política, social y hasta moral que derivó en una frustrada operación de maquillaje que duró sólo unos meses. Franco tomaría de nuevo las riendas del poder, amparado ahora en su familia más próxima y el llamado “bunker”. El nombramiento de Sancho Rof, en el que sería último año de la televisión franquista, motivó que en un singular ejercicio de involución TVE regresara poco menos que a sus orígenes como pudo comprobarse en su actitud beligerante en los días de las ejecuciones de los militantes de ETA y FRAP o en la manifestación del 1 de octubre de 1975, último baño de masas del dictador. Como no podía ser de otra forma, el círculo acabó cerrándose fatalmente sobre sí mismo.

2. La herencia del franquismo

La televisión que dejó en herencia el franquismo podría resumirse en algunos puntos concretos:

2.1 Desde la perspectiva estructural o empresarial, su apresurada calificación de “servicio público centralizado” se había producido diecisiete años después de su puesta en marcha y hasta entonces había crecido en la alegalidad. Las reformas aplicables en su nueva condición apenas si llegaron a surtir el menor efecto debido a la confusa situación política que se generó a partir del atentado contra Carrera Blanco, que se produjo pocas semanas después de la publicación en el BOE del citado decreto.

La indeterminación del marco jurídico de TVE se mantendría en la transición hasta 1980 cuando los partidos políticos hegemónicos (UCD y PSOE) consensuaron la aprobación de un Estatuto de RTVE que a pesar de sus evidentes limitaciones y defectos hoy sigue vigente sin tener en cuenta los enormes cambios que se han producido en el paisaje audiovisual español e internacional.

2.2 Desde el punto de vista laboral se fomentó el corporativismo a ultranza y no se plantearon métodos racionales de contratación de personal lo que llevó, con el paso de los años, a una plantilla sobredimensionada -más de 10.000 trabajadores en 1976- y muy poco cualificada profesionalmente, sin que hasta aquel momento se hubieran efectuado cursos de reciclaje o de actualización de conocimientos de nuevas tecnologías. Las deficiencias de orden legal en los numerosos contratos a colaboradores externos por programa o serie facilitó su ingreso en plantilla, previo paso por reclamación a Magistratura, generando un ulterior incremento de la plantilla en los años de la transición democrática cuando los sindicatos ya se habían convertido en una fuerza de presión que derivó en huelgas y conflictos.

Este crecimiento, sin embargo, coincidió con una disminución de los espacios de producción propia ala vez que proliferaron las producciones externas o en régimen de coproducción con empresas audiovisuales y productoras cinematográficas del sector privado. La infrautilización del personal de TVE ha sido una constante que se ha mantenido hasta ahora.

2.3 La tecnología e infraestructura de TVE presentaba una segunda cadena que apenas llegaba a la mitad de la población diez años después de su solemne inauguración. Esta cadena sólo llegó a la mayor parte de la geografía española como consecuencia de los campeonatos del mundo de fútbol de 1982 celebrados en España.

La decisión de adoptar el sistema PAL de televisión en color, por otra parte, se produjo por la vía de los hechos consumados más que por voluntad expresa del Gobierno o de la propia TVE. En el último consejo de ministros en el que participó Manuel Fraga se eligió este sistema en detrimento del sistema francés SECAM, pero este acuerdo no llegó a publicarse en el BOE al producirse el cese traumático de

Fraga y los ministros afines a su línea política. No obstante TVE emitió en periodo de pruebas a partir de los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 y de manera oficiosa proyectó en color series de producción propia como “Si las piedras hablaran”, “Los libros” o una serie de zarzuelas y telefilms norteamericanos a partir de aquel momento aunque oficialmente no se había tomado una decisión definitiva.

2.4 TVE ejerció el monopolio de la red de enlaces hasta el año 1989 creando graves problemas a las cadenas autonómicas puestas en funcionamiento a partir de 1983 (ETB y TV3) que las obligaron a instalar sus propias redes de enlace con el consiguiente coste adicional a sus presupuestos. De no ser por esta iniciativa habrían tardado muchísimo tiempo en desarrollarse ante la firme negativa del director general de RTVE José Mª Calviño a ceder su utilización, decisión rectificada por Pilar Miró que le sucedió en el cargo. Sólo con la aparición de las cadenas privadas el Gobierno creó el organismo Retevisión que ponía fin a una situación anómala de privilegio.

El proyecto de un sistema de televisión por cable gestionado conjuntamente por TVE y CTNE (Compañía Telefónica Nacional de España) iniciado en 1973 no llegó a ponerse en marcha por parte de TVE que debía de suministrar los programas y contenidos a estos nuevos canales aunque Telefónica, en cambio, sí emprendió el cableado en diversas zonas de las grandes ciudades. El abandono de TVE por desidia o carencia de medios afectó gravemente a su desarrollo ya que el Gobierno le había otorgado el monopolio de este sistema: empresas privadas o grupos sociales adoptaron, a la fuerza, otros sistemas alternativos como la TV local vía hertziana que alcanzaría una extraordinaria vitalidad en el sistema comunicacional de Cataluña.

2.5 La manipulación de las noticias y la confusión entre opinión e información fueron una tónica dominante de los programas periodísticos de TVE para los que la Ley de Prensa no surtió efectos positivos sino que se agudizó el control de este medio a fin de contrarrestar las críticas, todavía tímidas, que podían manifestarse en la prensa escrita. La utilización de la información internacional, rebosante de conflictos, violencia o corrupción, en contraste con el panorama idílico de la información nacional, fue sólo una de las muestras de esta tergiversación sistemática. La identificación entre la información televisiva y el régimen se convirtió así en un vicio del que ya no podrían librarse los profesionales del periodismo que llegaron más tarde a TVE hasta asumirse como un signo de la fatalidad y no como un error de raíz surgido en el franquismo. La célebre frase de Rafael Ansón, primer director general de RTVE de la transición democrática, “quien no esté de acuerdo con el Gobierno no puede estar de acuerdo con TVE” no ha perdido actualidad en tiempos de UCD, el PSOE y ahora el PP.

TVE desempeñó un papel irrelevante en su función cultural y educativa. Destacadas personalidades no adscritas a la cultura oficial nunca aparecieron en sus programas o lo hicieron de forma muy esporádica, se elaboraron “listas negras” a veces por los motivos más insospechados o banales y en líneas generales fue silenciada toda forma de expresión y creación crítica con el franquismo.

Los programas educativos, como consecuencia de la absoluta falta de entendimiento con los ministerios correspondiente o las instituciones universitarias, tampoco tuvieron otro valor que el que se podía dar a una sucesión asistemática de ”lecciones de cosas” en el más puro estilo divulgativo del “Reader´s Digest”. Las posibilidades educativas de la televisión ya no serían explotadas en los años siguientes al franquismo y quedaron limitados a la segunda cadena, convertida a la postre en una forma de “ghetto” cultural.

2.6 El centralismo caracterizó todo este periodo como lo demuestra de hecho el que hasta 1975 sólo se emitían tres horas mensuales de programación de TVE para Cataluña que por otra parte era el único circuito regional dotado para la realización de programas de cierta envergadura. La inauguración de los centros regionales en el resto de España, producida sobre todo en las postrimerías de la etapa Fraga, fue más simbólica que efectiva ya que se trataba de meras corresponsalías de los informativos y no gozaban de la menor autonomía ni de la posibilidad de elaborar programas propios.

La consecuencia de este centralismo informativo y a nivel de producción se ha mantenido en buena medida y ha sido necesaria la aparición de las cadenas autonómicas para generar una política de descentralización e incluso una cierta competencia que obligó a TVE a potenciar sus emisiones para las comunidades autónomas.

2.7 TVE promovió una imagen triunfalista de cara al exterior basada en la política de premios en certámenes internacionales sobre todo a partir de 1965 lo que le granjeó una falsa sensación de liberalismo y apertura que no existía en la realidad ya que la censura seguía imperando a través de departamentos eufemísticamente denominados de “análisis de contenidos”. “Historias de la frivolidad”, “La cabina” y “Juan Soldado” fueron ejemplos concluyentes de esta línea de acción destinada a enmascarar la realidad ya que estos programas, entre otros, se exhibieron en su versión íntegra en los festivales pero fueron censurados (brutalmente en el caso de “Juan Soldado”) cuando se exhibieron por primera vez en TVE.

Se promovieron algunas coproducciones con Italia en los últimos años del franquismo pero las relaciones de TVE con la mayoría de las cadenas europeas fueron escasas y accidentadas, sometidas a los vaivenes políticos del franquismo, lo que impedía consolidar cualquier forma de cooperación estable e incluso participar en el popular concurso “Juegos sin fronteras” emitido simultáneamente por varias cadenas europeas ya que su emisión coincidió en 1970 con el proceso de Burgos.

2.8 El crecimiento desmesurado de sus horas de emisión y la dependencia de los ingresos publicitarios -y por tanto de unos elevados índices de aceptación a falta de competencia directa- obligó a TVE a adquirir un gran número de series, en su inmensa mayoría procedentes de las grandes compañías productoras y distribuidoras norteamericanas. TVE se convirtió así en el símbolo de una empresa cultural y económicamente colonizada a la vez que acostumbraba a su público al consumo de un determinado tipo de productos audiovisuales con una estructura, ritmo y contenidos muy definidos que se ha mantenido en épocas posteriores.

El legado de la televisión franquista ha tenido por tanto una considerable influencia en el futuro de TVE y del mapa audiovisual español en su conjunto. Veinticinco años después de la muerte del dictador, el franquismo ha quedado como una etapa gris y mediocre como lo demuestra la escasa huella que ha dejado en el arte, el pensamiento y la cultura españolas. A esta mediocridad no podía sustraerse una televisión que fue uno de los espejos donde mejor podía reflejarse el régimen franquista, ya que sus dirigentes pretendieron configurarla a su imagen y semejanza. Sería injusto olvidar, sin embargo, la aportación de un reducido núcleo de profesionales que en la medida de lo posible trataron de configurar una obra valiosa e interesante, digna de estima más allá del contexto cerrado y poco estimulante en el que se desenvolvían.


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