Comunicación

 


David E. Kelley: El Genio de la Televisión de Hoy.

Concepción Cascajosa Virino | Universidad de Sevilla

Cada época en la historia de la televisión ha tenido una gran personalidad que ha marcado época e influido decisivamente sobre el tipo de programas que se iban a realizar a continuación. Y, sin lugar a dudas, la figura más relevante de los últimos diez años de televisión americana ha sido el guionista y productor David E. Kelley. Aunque la falta de estudios y reflexiones acerca del mundo de la ficción televisiva hagan que sea más conocido por su matrimonio con la actriz Michelle Pfeiffer que por su obra, Kelley ha marcado un antes y un después con series como La Ley de los Ángeles (NBC, 1986-94), Picket Fences (CBS, 1992-96), Ally McBeal (FOX, 1997-) y El Abogado (ABC, 1997-). Durante algún tiempo se pudo pensar que este lugar de honor podría corresponder a Chris Carter o Steven Bochco, pero el paso de los años ha demostrado que la trayectoria de ninguno de los dos es comparable a la de Kelley. Chris Carter no ha conseguido desarrollar ninguna serie de éxito desde Expediente X (FOX, 1993-) y Bochco ha alternado sus grandes éxitos Canción Triste de Hill Street (NBC, 1981-87), La Ley de Los Ángeles (NBC, 1986-94) y Policías de Nueva York (ABC, 1993-) con fracasos como Cop Rock (ABC, 1990), Civil Wars (ABC, 1991-93) y Murder One (ABC, 1995-97). Sin embargo, la práctica totalidad de las series de Kelly han sido grandes éxitos acaparando decenas de premios (entre ellos, 10 premios Emmys para él mismo) y notables, aunque no espectaculares, audiencias. El gusto por la discusión ética y moral combinada con tramas sugerentes y sorprendentes y personajes con carisma ha hecho que las series de Kelley resalten entre el resto de la ficción televisiva de los últimos años. Algo que no deja de ser admirable teniendo en cuenta que Kelley se encarga de escribir él solo la práctica totalidad de los guiones de sus series.

Sin embargo, los inicios de David E. Kelley se encuentran muy lejos del mundo de la televisión. Nacido en 1956, estudió Derecho en la universidades de Princeton y Boston. En esta ciudad comenzó a ejercer como abogado en un bufete de medio tamaño hasta que, en 1983, decidió plasmar su vocación de escritor en un guión sobre sus experiencias profesionales. Inesperadamente, consiguió vender el guión y que se produjera a partir de él la comedia From the Hip (1987, Bob Clark). La película cosechó escaso éxito, pero suficiente para que Steven Bochco, que en esa época estaba buscando escritores con experiencia como abogados que pudieran desarrollar tramas creíbles para La Ley de Los Ángeles, se fijara en Kelley y lo contratara para el equipo fijo de guionistas de la serie. De esta forma, Bochco se convertiría en el mentor de Kelley, aunque éste rápidamente se mostraría como un alumno extraordinariamente aventajado. Poco a poco, Kelley fue escalando puestos dentro del equipo creativo hasta que, en 1989, cuando Bochco abandonó la serie para acometer nuevos proyectos, se convirtió en el productor ejecutivo de La Ley de Los Ángeles. Kelley introdujo nuevas tramas argumentales, renovando en parte el reparto y haciendo que las relaciones personales de los abogados de la firma en la que se desarrolla la serie, McKenzie&Brackman, fueran cada vez más importantes. Gracias a ello, el abandono de Bochco apenas se notó y durante los dos años siguientes La Ley de Los Ángeles ganó el Emmy como mejor serie dramática mientras que Kelley se coronó como mejor escritor en la misma categoría por sendos capítulos escritos en solitario. Para entonces, Kelley ya tenía otra serie de éxito en antena, Un Médico Precoz (ABC, 1989-93), que había creado junto a Steven Bochco. En este caso, se trataba de una comedia con toques de drama sobre un chico superdotado de 16 años que estudia medicina y que entra como residente en el hospital en el que trabaja su padre. A pesar de su gran inteligencia, Doogie Howser (Neil Patrick Harris), es solo un adolescente que tiene que intentar sobrevivir en un mundo en el que tiene que tomar decisiones (y asumir consecuencias) de adultos. Un Médico Precoz era un serie sencilla y sin pretensiones que, sin embargo, abriría el camino a Kelley para trabajos más ambiciosos.

En 1992, David E. Kelley ya estaba desarrollando un proyecto mucho más personal, Picket Fences (CBS, 1992-96). Apenas un par de años antes, David Lynch y Mark Frost habían marcado un hito gracias a unas serie absolutamente diferente, Twin Peaks (ABC, 1990-91), que abrió un brecha por la que otras series con tramas poco convencionales pudieron colarse, como fue el caso de Expediente X (FOX, 1993-) y de la propia Picket Fences. La serie se centraba en la vida en un pequeño pueblo de Wisconsin, Roma, un lugar totalmente convencional en el que podían ocurrir las cosas más extrañas y sorprendentes. Del conjunto de personajes sobresalían el matrimonio formado el sheriff del pueblo, Jimmy Brock (Tom Skerritt), y su mujer Jill (Kathy Baker). La pareja tenía dos hijos, a los que se sumaba la hija que Jimmy había tenido en un anterior matrimonio. Jimmy había huido de las miserias de la gran ciudad buscando encontrar un comunidad tranquila en la que educar a sus hijos. Sin embargo, Roma no era ni mucho menos eso, sino más bien un lugar en el que todo podía suceder. Como ejemplo, a lo largo de cuatro años, la ciudad tenía siete alcaldes diferentes, entre los que dos eran asesinados, otro moría en un incendio tras ser condenado por homicidio y otra es una sordomuda que se queda embarazada del hijo de su hermano gay y su pareja. La serie tenía la capacidad de tratar con absoluta naturalidad los temas más candentes de la sociedad del momento (el SIDA, la drogas, la violencia en las aulas, la pérdida de valores, la eutanasia, la homosexualidad) con otras tramas absurdas o directamente surrealistas. El universo de Picket Fences, habitado por extraños aunque siempre reconocibles personajes navegaba siempre entre la sorpresa y la incredulidad, y todo ello sin dejar de ser un sólido drama con ocasionales toques de comedia. La serie era también una visión tolerante y liberal de la realidad exenta de maniqueísmos en el que las distintas opiniones siempre podían manifestarse. Los personajes siempre se planteaban si estaba bien o mal lo que hacían, y la manera en la que ello iba a influir en sus vidas. Sin duda, éste iba a ser el elemento más constante en la obra creativa de Kelley. Los juzgados eran el mejor lugar donde dirimir estas cuestiones, tanto a efectos simbólicos como prácticos. No en vano, uno de los espacios más importante de la serie era el juzgado de Roma presidido por el sabio juez Bone (Ray Walston), que escuchaba todo tipo de argumentaciones antes de dar un meditado veredicto y dar por concluido cada capítulo. A pesar de sus grandes virtudes, Picket Fences nunca logró una gran respuesta por parte de la audiencia, aunque consiguió el suficiente prestigio como para mantenerse durante 4 temporadas en antena gracias a un público fiel y a los dos Emmys que consiguió como mejor serie dramática. Por su parte, Kathy Baker ganó tres veces el premio como mejor actriz de drama mientras que la serie logró otros 7 premios para sus actores.

La siguiente apuesta de Kelley, Chicago Hope (CBS, 1994-2000) no era excesivamente original: drama en hospital con doctores luchando contra el sistema. Sin embargo, Kelley ya había dado una visión del mundo de la medicina muy diferente a la habitual en Un Médico Precoz, y esta era su oportunidad de realizar una aproximación más adulta al tema. No en vano, el universo de los médicos no era tan diferente al de los abogados. Por sus manos pasaban los destinos de cientos de personas y cada día tenían que tomar trascendentales decisiones en base a su nociones del bien y del mal. Pero Chicago Hope se tendría que enfrentar con una dura competencia, otra serie también situada en un hospital que sería una de los grandes éxitos de la temporada, Urgencias (NBC, 1994-). Frente a las trepidantes aventuras de George Clooney y sus colegas, Chicago Hope era mucho más oscura y calmada. Sus principales protagonistas eran dos cirujanos brillantes, el temperamental y rebelde Dr. Giger (Mandy Patinkin) y el comprensivo Dr. Shutt (Adam Arkin). Y alrededor de ellos, una serie de personajes como el exigente jefe de personal, el Dr. Watters (Hector Elizondo), el veterano cirujano cercano a la jubilación, el Dr. Thurmond (E.G. Marshall), la enfermera jefe, exmujer de Shutt, Camille (Roxanne Hart) y un largo etcétera de médicos y enfermeras (la serie precisamente se caracterizó por su cambiante reparto). El mundo de la abogacía tampoco quedaba al lado gracias al letrado que se encargaba de librar de problemas al hospital, Alan Birch (Peter McNicol). Era de alguna forma el vigilante moral del resto de protagonistas de la serie, discutiendo los pros y los contras éticos y legales de muchas de sus decisiones. Sin embargo, Kelley eliminaría el personaje de manera fulminante al personaje a principios de la segunda temporada haciendo que una banda callejera lo acribillara a balazos. Chicago Hope, totalmente ensombrecida por el éxito internacional de Urgencias y a pesar de su magnifico reparto de actores y su gran calidad, enseguida pasó a ser considerada como la otra serie de médicos. Kelley actuó renovando a parte del reparto e introduciendo tramas más ligeras, aunque no cambió el tono general reflexivo y en ocasiones pesimista de la serie. En este sentido, Urgencias y Chicago Hope no eran tan diferentes, solo que la primera tenía de brillantez visual lo que la segunda de coherencia argumental. A pesar de todo, entre ello unas audiencias algo discretas, Chicago Hope aguantó hasta una sexta temporada acaparando reconocimientos, particularmente para sus actores.

La consolidación definitiva de David E. Kelley llegaría con sus dos siguientes series, El Abogado (ABC, 1997-) y Ally McBeal (FOX, 1997-). El sistema judicial ya se encontraba presente tanto en Picket Fences como en Chicago Hope. Sin embargo, tanto en una como en otra, formaba parte de un argumento con tramas mucho más diversas. Ahora se convertía en el eje central. El Abogado y Ally McBeal eran las dos caras de una misma moneda. Ambas tienen como protagonista a un bufete de jóvenes e inquietos abogados. Y ambas se sitúan en Boston, la ciudad en la que el mismo Kelley ejerció como abogado durante su juventud. Sin embargo, hay se acaban las similitudes. El bufete de El Abogado sobrevive a duras penas defendiendo a todo tipo de personas acusadas de los más diversos delitos. Su fundador, Bobby Donnell (Dylan McDermott) tiene que lidiar con la situación económica de su empresa, siempre al borde de la quiebra, y con las disputas entre sus asociados, un metódico abogado negro Eugene Young (Steve Harris), la temperamental Ellenor Frutt (Camryn Manheim), la licenciada por Havard Lindsay Doyle (Kelli Williams), la brillante ayudante y futura abogada Rebecca Washington (Lisa Gay Hamilton) y el eficaz pero pusilánime Jimmy Berlutti (Michael Badalucco), en quien nadie confía realmente. Además, en muchas ocasiones tendrán que verse las caras con la ayudante del fiscal Helen Gamble (Lara Flynn Boyle), con la desarrollarán una amistad (en el caso de Bobby, mucho más que eso) a pesar de tener que enfrentarse a menudo en los tribunales.

En el primer capítulo, la firma estaba a punto de cerrar debido a sus innumerables deudas y era salvada en el último minuto gracias a la indemnización lograda por la familia de un fallecido por cáncer en una demanda contra una compañía de tabaco. Sin embrago, El Abogado no es Perry Mason. Donnell, Young, Dole y Frutt defienden a inocentes, pero también a culpables. Utilizando todo tipo de artimañas legales, siempre buscaban que resplandeciera la justicia, sobre todo si podía beneficiar a sus clientes. Tampoco eran invencibles, y a menudo solían perder juicios. O lo que es peor, ganarlos y ver como culpables quedaban en libertad. De alguna forma, El Abogado era la versión pobre y siniestra de La Ley de Los Ángeles. Mientras los protagonistas de una se paseaban por la playas de California placiéndose de los grandes beneficios logrados por sus victorias en los tribunales, los de la otra se contentaban con llegar a casa en metro conservando la dignidad y la ética que aun les quedaba. Aunque, en ambos casos, las relaciones personales (de amistad, amor u odio) entre los abogados, sazona gran parte de las tramas, aunque en El Abogado nunca oscurecen las tramas judiciales y los amplios debates morales que despiertan.

El estilo de Ally McBeal es radicalmente diferente. Para empezar, si El Abogado es un serio frama, Ally McBeal es una descabellada comedia. Su protagonista, la Ally McBeal del título, es una guapa abogada licenciada en Harvard que se acerca a la treintena con graves problemas emocionales. Para colmo, es despedida del trabajo tras denunciar el acoso sexual de uno de sus jefes. Casualmente, se encuentra con un antiguo compañero de universidad, Richard Fish (Greg Germann) que acepta defenderla y la contrata como abogada en su bufete. Allí, McBeal se reencontrará con el gran amor de su vida, Billy Thomas (Gil Bellows), ahora felizmente casado con Georgia (Courtney Thorne-Smith). El socio de Fish es el extravagante John Cage (Peter McNicol), un brillante abogado repleto de tics y manías. Lo que en El Abogado es sombra, aquí es completamente luz. Como reconoce a menudo Fish, su principal objetivo como abogado es hacerse rico. No en vano, el bufete siempre defiende a personas de buena posición social. Fish&Cage no defiende a acusados de asesinatos, sino a demandantes y demandados en casos de acoso sexual y despido improcedente y otro tipo de casos a cada cual más absurdo y ridículo. Ally McBeal también se ha convertido en la más ingeniosa aproximación al surrealismo en la ficción televisiva, de forma que los pensamiento de los personajes se materializan en pantalla. Así, Ally es sacudida, remojada, lanzada a la basura o descuartizada según la situación. Además, a menudo se ve perseguida por un bebe bailarín. John Cage tampoco le va a la zaga y juzga su estado anímico por su capacidad de oir música inexistente, particularmente de Barry White. Sin embargo, a pesar de ser una desternillante comedia, Ally McBeal también juega con los fracasos de su protagonista en su búsqueda de la felicidad y la estabilidad, introduciendo así elementos mucho más dramáticos. No en vano, la gran mayoría de los episodios finalizan con Ally caminando durante la noche por las calles de Boston mientras suena una triste canción interpretada por Vonda Shepard, la cantante oficial de la serie que interpreta a sí misma como la animadora musical del bar que frecuentan. Kelley, que se ha encargado de escribir la mayor parte de los guiones de la serie, ha podido dar rienda a su lado más irreverente, recordando que el mundo de la justicia está lleno de grandes desgracias, pero también de casos mucho más anecdóticos y menores.

Las diferencias entre Ally McBeal y El Abogado no solo se reflejan en sus tramas y en el talante de sus personajes, sino también en la utilización de las luz, el color y los espacios. De esta forma, El Abogado es una serie de fríos azules. La oscuridad de muchas de sus tramas se refleja en una iluminación bastante más siniestra de lo que suele ser habitual en televisión. Por su parte, en Ally McBeal dominan los tonos claros y ocres, más acorde con la superficialidad de sus argumentos. Los lugares principales de la tramas, los juzgados y las oficinas de los bufetes, también son muy diferentes. En El Abogado, son lugares pequeños y sobrios. Sin embargo, en Ally McBeal son más grandes y recargados. Los despachos en Ally McBeal son grandes y confortables, mientras que la oficina central está siempre habitada por decenas de personas que nunca tienen participación en las tramas.

Sin embargo, dentro de su género y estilo, las dos series funcionan igual de bien, cuentan con grandes repartos de actores y consiguen idéntico grado de credibilidad (aunque Ally McBeal no sea ni mucho menos realista y El Abogado si). Sin embargo, cuando estas diferencias se vieron más acentuadas fue durante un doble episodio en el que sus tramas se cruzaron. Este fenómeno, el llamado cross-over, suele ser habitual dentro de la ficción televisiva americana. En un momento concreto, los personajes de una serie aparecen dentro de otra de la misma cadena, habitualmente con motivos publicitarios y como guiño al espectador. El cross-over protagonizado por Ally McBeal y El Abogado fue especialmente brillante y audaz. Primero, porque la dos series son emitidas por cadenas diferentes (FOX y ABC, respectivamente). Segundo, porque llevaba el cross-over más lejos de lo habitual y ponía de manifiesto el universo que cada serie debía construir para lograr la verosimilitud. La excusa argumental era banal pero creíble. Un cliente de Fish&Cage es asesinado y su mujer es detenida como sospechosa. Ésta insiste en ser defendida por ellos y Fish cree que sería una buena oportunidad de hacerse un nombre como abogados serios. Sin embargo, finalmente se da cuenta que el caso les viene demasiado grande y acude a un pequeño pero prestigioso bufete de criminalistas, Donnell y Asociados. Cuando unos abogados y otros se encuentran, el choque es tremendo. Para McBeal y sus compañeros, Donnell y sus colegas son demasiado serios y amargados. Por su parte, Eugene Young resume en pocas palabras la impresión causada tras visitar el otro bufete: están totalmente chiflados. Desde luego, ambas cosas son ciertas. Los personajes parecen muy diferente bajo el tratamiento visual de la serie contraria. A Ally McBeal no le favorecen los tonos oscuros cuando va a visitar el despacho de Donnell y Asociados. Y estos tampoco resultan creíbles en las oficinas de Fish&Cage. Cada uno resulta verosímiles dentro de su propio universo, y caricaturescos en el otro, como si cruzarán una puerta que les lleva a una dimensión paralela.

Cada parte del doble capítulo fue emitido dentro de una de las series. El primero, The Inmates, como el número 20 de Ally McBeal, mostrando la situación inicial con un tono más jocoso. La segunda, Axe Murderer, como el número 30 de El Abogado, se ocupaba del desarrollo del juicio de una manera más seria. Es decir, el estilo de la serie en la que se insertaba dominaba en cada capítulo.

Pero si en algo no han sido diferentes ha sido en su repercusión. El Abogado, a pesar de sus tibios inicios en la cadena ABC logró una audiencia fiel que le permitió mantenerse en antena hasta que empezó a acaparar premios, entre ellos, dos Emmys como mejor serie dramática y varios más para sus actores. Por su parte, el estilo fresco y desenfadado de Ally McBeal atrajo inmediatamente la atención de público y crítica, logrando una repercusión internacional que El Abogado, sin tanta originalidad, no ha conseguido lograr. En 1999, David E. Kelley logró un hecho histórico en la historia de la televisión. Tanto en la entrega de los premios Emmy como de los Globo de Oro, tuvo que levantarse dos veces para recoger los premios correspondientes a mejor comedia y mejor drama. Es decir, había logrado las más altas cotas en dos géneros totalmente diferentes. Además, marcaba otro hito sin precedentes: era la primera vez que una serie de 45 minutos de duración se alzaba con el premio como mejor comedia, un territorio exclusivo de las comedias de situación. Kelley había conseguido la proeza de trastocar el inamovible esquema de los géneros televisivos en Norteamérica, que marca que una comedia debe durar 25 minutos y un drama, 45.

Sin embargo, ese año Kelley también vivió su mayor fracaso. Su serie Snoops (ABC, 1999), centrada en las aventuras de una agencia de detectives a la que se une una antigua policía que ha alcanzado cierta fama tras un acto heroico, causó expectación ante su estreno. Pero tras éste, siguió una rápida decepción. Crítica y público le dieron la espalda y fue cancelada antes de poder emitir los 13 capítulos que se habían realizado. Sin duda, el punto más bajo en la carrera de Kelley. También se saldo con fracaso el experimento que realizó a partir de Ally McBeal, Ally (FOX, 1999). Realizada a partir de remontajes de la serie original más material inédito, los argumentos se centraban en la oficinas de Fish&Cage y en las relaciones personales que allí se producían, eliminando cualquier referencia a los juicios y a los elementos dramáticos. La idea de Kelley, crear una nueva serie reciclando otra, era sugestiva y fue lanzada con gran publicidad por la FOX. La serie se convertía así en una comedia de situación típica con un bajo coste. Sin embargo, los índices de audiencia fueron nefastos y como había pasado con Snoops, la serie fue retirada de emisión antes de emitirse todos los capítulos realizados.

A pesar de estos fracasos Kelley continúa siendo uno de los productores de más éxito de la televisión. Ally McBeal y El Abogado, a pesar de verse oscurecidas por otras series más recientes, continúan su emisión manteniendo a un público muy numeroso y fiel. Y Kelley se ha embarcado en un nuevo proyecto. Si ya ha realizado series sobre médicos y abogados, ahora le toca el turno a los profesores. Boston Public (FOX, 2001-), como su propio nombre indica también se desarrolla en la ciudad de Boston. En este caso, en un instituto de un barrio medio en el que hay que lidiar con todo tipo de estudiantes. De nuevo apostando por personajes y tramas sugestivas, el tono de Boston Public navega entre la comedia y el drama, retomando de alguna manera el estilo de Picket Fences. Boston Public está cosechando respetables niveles de audiencia, aunque, como el resto de las creaciones de Kelley, no consiga un éxito espectacular. En la actualidad, Kelley también está desarrollando para la FOX una serie con el título provisional de S.F. Law, sobre las desventuras de tres jóvenes abogadas que comparten piso en la ciudad de San Francisco. Habrá que esperar algunos años para averiguar si Kelley es capaz de mantener el alto listón que se ha colocado y superar sus éxitos anteriores. Si lo consigue o no es aun un misterio. Pero lo que es indiscutible es que de su mente creadora han salido muchos de los mejores momentos de la televisión norteamericana en los últimos 15 años aunque para la mayoría continúe solo siendo el marido de Michelle Pfeiffer. La Ley de los Ángeles, Picket Fences, Chicago Hope, El Abogado y Ally McBeal son buena muestra de que es mucho más que eso.


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